Miércoles (o jueves) moribundo

Escrito por: Enrique Ramos


Hoy quiero elevar una plegaria

quiero sentir toda la pena que embarga

los corazones rotos.


Quiero abrir mi pecho y contener

los alaridos de las almas que se despiden

Quiero ser la parte melódica

del paso apresurado del vagamundos

que no va a ningún lado

pero que hambriento de una mirada

tiene el plac plac plac de su medio día nocturno.


Quiero desdeñar todo aquel tropiezo

Quiero ofrecer el pedazo de uña perdida que no volverá

que repica en la horma del viejo zapato.


Ofrezco pues mis más conscientes pensamientos

Ofrezco mi lágrima por la perdida fe

mis sonrisas abundantes

las carcajadas del ser tranquilo

las horas de descanso las ofrezco

por el incesante andar de la madre laboriosa.


Elevo pues el infinito minuto que tengo para escribir esto en la comodidad de una azotea del barrio más tranquilo.


Por el tormento del condenado en su lecho de muerte que le faltan décimas, bocanadas de compañía, embeleso del sol venidero que no sabe si logrará volver a ver,

Pobre Ícaro sin alas.

Por ti pongo mi frente al piso

y ruego por tus últimos vuelos

hacia la noche larga.


Cedo las ansias de la envidia

Me entrego a la vasta plenitud del ser

Y reconozco la veracidad de las estrellas

El eterno resplandor que me ha de acompañar

Velo por la última exhalación

de los olvidados alpinistas en el hielo

por el vaho de su último aliento

Que mi energía fugaz los toque con el pequeño débil viento que puede inundar mi ser.


Hoy, la plegaria más sentida

Es por quien ha sido abandonado sin merecerlo

Para la musa inconstante que se fuga ondulando con sus cabellos

Por el amor incierto del pálido deseo

Suspiraré con todo mi bronquio anhelo.


Pido por los seres sinceros

Por los inocentes huérfanos

Por la caminata del coyote sin manada

Por la hormiga de las mil hijas sin cabeza

Por el océano de ciegos

Por La Paz del adolescente.


Por la bendita virginidad y sus anhelos

Pido por todas las mañanas que no ha de ver el preso,

que lo roce el fuego al llegar lucifer, que le calme el miedo.


Hoy quiero alzar mi plegaria por la suntuosa alma que no me cabe en el cuerpo.


Hoy quiero volcar al universo

todas las millonésimas amarras

que sostienen esta bola de pensamientos

que contienen la masa de meridianos tejidos y paralelos.


Quiero que la ráfaga de Ometéotl

parta esta vana inmensidad

que cruja en los cielos este pensamiento

que conforte la soledad

que vacíe los siniestros

que nos encuentre en las nubes rojas.


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